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El Ictiocefalolalista

POETICA

AYERHOY Y MAÑANA

AYERHOY Y MAÑANA

Un día como hoy no es diferente de cualquier otra batea. Qué hace distinto el formidable refriego de ayer y este insípido manoseo de hoy. Y éste último con otro cualquiera allá en el negruzco lodazal de la barriada. ¿Quién logra hacerlo distinto uno del otro? Es el mismo que ahora desagua la espumosa lavaza en el lodazal. 

Pocas diferencias palpé entre el común lunes de ayer y este ordinario  día martes de hoy. Mañana miércoles; posiblemente se seguirán observando esas mismas nimiedades del habitual acontecer. Ni la artesa; ni el camastro de madera que la sostiene a la altura de la cintura, perdurarán. Ni el presente ni el mañana tampoco podrán esquivar la insalvable valla del artificio temporal. Que así sea; pues para que estamos con referentes excepcionales; no hay mejor día que aquel vivido intensamente. El presente lo podemos corregir. ¡Al menos podemos intentarlo! ¡Es cierto! ¡Mañana esto podría parecernos un error! ¡Quizás! ¿Quien sabe? El ayer; en fin, ya aconteció con sus refriegas y desagües. ¿Qué podemos hacer para trocarlo? Francamente muy poco; casi nada ¡Nada! Sólo refregar intensamente las horas del artificio temporal y esperar demora y pasatiempo.

Soliloquios que pululan

Soliloquios que pululan

Sí. Es cierto; aunque pululen millones de personas por las estrías de esta irregular geografía; nada impide; busco igual; incansable, el sosiego de la soledad. Intento detener con esto las malditas marejadas de la sinrazón; que me hacen temer como el caos absurdo lo hace con la ilógica escalera del escritor. Y no conozco otros armatostes de resguardo como los que me brinda el propio silencio. A veces describo perífrasis de gentío acosando la macilenta soledad; la misma de esta conquista geográfica lograda sólo a pulso de poesía. Y pido seguir caminando sobre la huella de la palabrería. Entonces pienso en la misoginia que desbarata las armas del estruendoso violento. Y esto me preocupa; pues aunque siempre afirmé que la vida se batía entre la soledad de la aurora; tanto como en la del ocaso; observo atemorizado la agitación del astronauta cuando se siente desligado por unos instantes a la esperanza del regreso. La soledad es demasiado elocuente como para no escucharla y abandonarla a su propio quehacer. Ella; similar como lo hace una madre; nos vincula a la realidad temporal, y anuda los cabos sueltos que nos separaron de la creación y de su autor. La soledad; entonces, nos embriaga como lo hacen las silentes reflexiones a los pies de las pasajeras de la noche.

 

Olas de Males Enrejados

Olas de Males Enrejados Nada es el resultado del devaneo preciso de un agitado palabreo;
todo es cuestión relacionada con un intenso propósito creativo.
Quizás hasta sólo sea el resultado de los efectos del tropiezo de una nutriente marejada; enfrentándose contra la árida marisma del continente. 
Hay incluso gentíos; quienes sugieren que todo es cuestión relacionada
con olas inmensas más allá de la sorprendente marejada.
Que todo tiene relación con un juego previo del azar;
y que finalmente nos hará premio de algo común a la esperanza.
Hay gentíos que se arrumban alrededor de la firmeza de un madero para esquivar los desvelos de esta solitaria palabrería.
Se apretujan con similar esperanza; con estéril austeridad;
y buscan misticismo alrededor de su curiosa forma entrecruzada.
A pesar de los aprontes; todos hacen latos rodeos esquivando los sacrificios que requiere estar arrimado a este madero.
Y es quizás por esto que muchos prefieren ahondar otros misterios,
para acallar expectativas propias y colectivas.
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Enfaldo de Ropajes

Enfaldo de Ropajes Alcancé a escuchar detrás de mi ajada tienda,
supuestas verdades expuestas por inicuos sujetos.
Se trataba tan sólo de los comunes recaudadores del servilismo
que osaban iniciar así, sus seudo discursos plenos de verdades a medias y medias tintas.
Un estridente orador desbocaba sus pesares y carencias
vociferando inconclusas trápalas,
como imitando la seda de una siutiquería;
la que en nada ayudó a enfaldarse aquel ropaje ajeno.  
Para ellos; para los estridentes oradores, las mentiras tienen el valor de un suculento tentempié.
pero lo cierto es que son sólo verdades construidas a la medida propia.
Ellos omiten la certeza por que de lo contrario dejarían de ser profetas del poder y señores de la contienda sin escrúpulos.
Pregonan inciertos diversos por doquier sin temor  a los ácidos activos de la corrupción.
Dicen ser jamás descubiertos; y que la tenue imagen de la astronomía  nunca revelará la geografía del borde cartografiado.
Increíblemente sujetan con fervor hasta las débiles dagas broncíneas
de la arana lengua.
Se restan de aquellos que restan adeptos a la mentira;
de quienes bracean contra el arremolinado torrente de los liosos.
e insisten con aquellos apiñados alrededor del poder que los satisface.
Hasta hacen aparecer como una simple mentira la originaria verdad.
Entonces
¿Quienes son los que dicen verdades y quienes son los que mienten?
Pocos tienen clara esta diferencia; y esto debiera preocuparnos, pues
al final, a todos nos conviene que la claridad esté en todos.